google-site-verification: google36849afd5129de88.html MALVINAS y el ROCK NACIONAL – MHLH Radio

Cuando el rock nacional levantó la voz contra la guerra

por Dani Maurizio 2 de abril de 2018

La Guerra de Malvinas pobló las radios de ese género que ya había superado la etapa de embrionario para convertirse en toda una movida cultural. Y, por supuesto, sería el rock el estilo musical que se hiciera cargo de criticar la locura de aquellos “salvadores” de la Argentina.

Cuando en abril de 1982 los militares que estaban en el gobierno decidieron invadir las Islas Malvinas como una forma de recuperar la bendición popular (cosa que lograron por unos días, con plazas llenas y gente cada vez más patriota por lo que sucedía a miles de kilómetros al sur), restringieron, con la inteligencia que los caracterizó, la difusión de música en inglés por las radios. Esto sirvió como trampolín para el rock nacional, un género que por entonces se movía por una suerte de under, con voces que se levantaban, mediante el uso de la poesía y la metáfora, contra las formas de la tiranía.

El punto de inflexión que resultó la catastrófica aventura en Malvinas para la última dictadura, lo fue tanto en términos políticos como culturales. El comienzo de la retirada con llamado a elecciones incluido también significó una mayor permisividad hacia determinadas manifestaciones artísticas que hasta el momento venían siendo perseguidas con violento celo. Para muchos artistas, la democracia comenzó en la inmediata posguerra. El caso del rock representó un paradójico ejemplo.

Conformado como movimiento juvenil, y (auto) denominado nacional, el rock argentino sufrió censura y represión desde sus comienzos. Tal vez sea esto lo que derivó en una necesidad de legitimación social que a la postre resultó (sigue resultando) cuando menos polémica y contradictoria. Y qué mejor forma de legitimarse ante el sistema que erigirse como nacional. Lo que implica un desplazamiento institucionalista, patriota y chauvinista.

Es que el rock como movimiento creó la ilusión de comunidad cuando salir a la calle no era fácil para los jóvenes. Todavía hoy cuenta con una potencia interpeladora muy importante entre los jóvenes. Es por esto que está intrínseca y necesariamente vinculado con formas que expresan y canalizan la libertad o la celebración tanto hedonista como existencial de la vida.

Malvinas es una herida que todavía nos duele. Soldados, muchos de ellos chicos de 18 años que no estaban preparados para el combate, perdieron la vida en las islas. Jóvenes que cantaban las canciones de Charly y Spinetta, mientras sentían el frío y el abandono por parte de sus superiores. Antes del conflicto bélico, el rock nacional era sinónimo de rebeldía y no estaba bien visto por la dictadura: muchos referentes fueron censurados y varios sufrieron el exilio.

La Junta Militar había “recomendado” a las radios no emitir música en inglés. No se trató de una prohibición literal, como sí sucedió con algunas canciones y artistas puntuales, pero nadie se atrevió a contradecir esa recomendación. Por un lado, porque nadie podía llevarle la contraria a la Dictadura. Por el otro, porque esa Guerra había generado en la población un sentimiento patriótico demasiado fuerte como para quebrarlo pasando alguna canción en inglés.

Es por eso que los programadores de radio debieron hurgar en las discotecas qué materiales sí se podían pasar. No había problema con los programas de folclore o de tango. Pero aquellos que disponían de espacios destinados al rock debieron agudizar el ingenio. Incluso algunas emisoras, como Radio Del Plata -destinada íntegramente a una programación musical juvenil- debió recurrir a temas cantados en portugués, francés o italiano para completar su lista de canciones.

Al revisar las discotecas, aparecieron trabajos de Sui Generis, Serú Girán, Almendra, Pastoral, Vivencia,León Gieco, Raúl Porchetto, Vox Dei y tantos otros grupos y solistas del rock nacional que no habían tenido en su momento la difusión necesaria en las radios. A ellos se sumaron otros que recién surgían. El caso deJuan Carlos Baglietto tal vez sea el más emblemático.

Baglietto había sido la gran revelación del festival de La Falda, y consiguió un contrato discográfico con EMI. Grabó “Tiempos difíciles”, un gran álbum que podría haber tenido otro destino, seguramente un poco menos exitoso, de no haber estallado en abril la Guerra de Malvinas. Canciones como “Mirta, de regreso”, “La vida es una moneda” y “Era en abril” se convirtieron en impensados hits radiales.

El efecto de Malvinas acarreó además un fuerte sentimiento pacifista entre los músicos de rock, que aunque sintieron que eran utilizados buscaron aprovechar ese novedoso espacio de difusión. El ejemplo más rotundo de la contradicción que anidaba en la confundida sociedad argentina de 1982 sucedió, cuando en el estadio Obras se realizó un encuentro multitudinario en favor de la paz, en el que intervinieron las figuras más populares de ese momento: David Lebón, Charly García, Nito Mestre, Miguel Cantilo, Pappo, Luis Alberto Spinetta, Raúl Porchetto, Ricardo Soulé, Dulces 16, Alfredo Toth, León Gieco, y muchos otros que se sumaron a esa cadena solidaria.

El concierto fue uno de los primeros que en la década convocó a un auditorio de más de 60.000 espectadores, una concurrencia que años después pasó a ser más o menos frecuente. Dato curioso, decisivo y sorprendente: el recital fue transmitido por televisión en directo, algo que no volvería a ocurrir a menudo, al menos en los años posteriores inmediatos.

En el libro “León Gieco, Crónica de un sueño” de Oscar Finkelstein, publicado en 1994, el cantautor santafesino recordó, aunque vagamente, aquel show: “Lo del Festival de la Solidaridad fue un invento de los managers del rock para hacer algo con el tema. Todo el mundo estaba participando pero el rock no quería formar parte del circo que fue lo de la guerra. Hasta que en un momento se decidió que había que aportar, pero no desde el triunfalismo sino desde la paz. Al menos esa era mi posición”.

“Me llamaron para cantar ‘Sólo le pido a Dios’, un tema que los colimbas cantaban en las Malvinas, y solamente por eso fui”, destacó Gieco. “Pero me sentí muy mal, es el único recuerdo que tengo. No me acuerdo de los detalles ni de los otros músicos ni de la gente que fue. Solamente me acuerdo de una sensación horrible y de los pibes de 18 años”.

Años después, Raúl Porchetto, una de las figuras destacadas del festival, comentó: “En plena guerra se hace el Festival de Solidaridad, que se cierra con ‘Algo de paz’. A mí, antes de subir, un coronel con una 45 me dice, ‘che Raúl, hoy no es para cantar “Algo de paz”, no sé si entendés o quieres que te haga entender’. Yo subí con un miedo bárbaro, pero al final la terminé cantando, y esa imagen dio la vuelta al mundo, 60.000 tipos jóvenes cantando aquella canción. Por eso cuando alguien me dice que el Festival de la Solidaridad fue una colaboración, yo pienso, ‘la ignorancia es atrevida’.

Por encima de sus sentimientos contrapuestos, el rock aprovechó su ocasión y comenzó su ingreso más bien vertiginoso en el mercado después de una larga marginación. De algún modo, con esa irrupción en los circuitos comerciales cedió buena parte de su esencia primera y en ocasiones se volvió francamente bastardo y mercantilista, plagado de concesiones impensadas para sus protagonistas de la primera hora.

Los miembros de Virus, una de las agrupaciones que comenzaba a destacarse a comienzos de la década -y que se negó a participar del Festival de la Solidaridad-, ironizaban: “Ay qué mambo, hay todo un cambio, ahora el rock vendió el stock y nuestra canción salió al balcón”. Malvinas marcó un punto de inflexión en el mercado: apenas concluido el conflicto con el Reino Unido, comenzó a surgir una horneada de intérpretes variados, de suerte dispar.

Los primeros en cosechar éxitos fueron Juan Carlos Baglietto (capitaneando una interesante camada de músicos rosarinos, entre ellos el mismísimo Fito Páez), Alejandro Lerner, Celeste Carballo, Miguel Mateoscon su banda Zas, La Torre (encabezada por Patricia Sosa). Todavía preservándose en los ambientes underground, grupos como Los Twist (de Pipo Cipolatti), Sueter (de Miguel Zavaleta) y V8 (banda pionera del heavy metal argentino) comenzaron a tener una circulación relativa.

Llegamos a los días en que el país recuperaba la democracia, en 1983, de modo que aquello que hasta entonces era susurrado en la penumbra ahora podía expresarse en voz alta. La sociedad toda podía dar sus puntos de vista. El debate se instauró en el Congreso de la Nación, en los medios de comunicación, en las calles, en la universidad. Y en la música, de alguna manera.

Al menos, las nuevas voces eran muchas y eso se nota claramente en la producción discográfica, en la que ocupan un lugar interesante los álbumes debut. Las cifras son elocuentes: en 1981, se editan 63 álbumes, 22 de ellos debuts discográficos; en 1983, 76 placas, 24 de ellas óperas primas. Los números se mantienen hasta 1987, cuando se editan 75 álbumes, de los cuales 32 son presentaciones en sociedad. A lo largo de los años 80, los discos de rock publicados son inevitablemente más de 60, salvo en 1981 -es decir, antes de Malvinas- cuando aparecen sólo 37 placas.

Página oficial del programa de radio MALOS HASTA LOS HUESOS (MHLH). TAMBIÉN PODRÁS ESCUCHAR MHLH RADIO. Aquí podrás enterarte de las novedades del programa, de que la va el próximo programa,... podrás escuchar online y escuchar programas anteriores. También ver fotos y vídeos de lo que sucede en el estudio de Radio Comunitaria Garabato (San Marcos Sierras). La página funciona también como fuente de información Rock siendo constantemente actualizada. Te podrás comunicar enviando un mensaje a la página.
Secured By miniOrange