TODO ESTABA BIEN HASTA QUE ESOS VIEJOS CON CIGARROS PUSIERON A UN HIPPIE A TOMAR DECISIONES…..

por Comunes

Nuevo texto de DGA (Comunes, Radio Círculo)

Si alguien hubiese escuchado a principios de los 80 a Frank Zappa y su propuesta sobre acceso de pago a contenidos digitales, probablemente estaríamos en la actualidad dentro de escenario muy distinto, y no se darían los encarnizados debates y turbulencias políticas que hay en torno a las descargas de contenidos en internet. Internet muchas veces se caracteriza como el paraíso del “hágaselo usted mismo” , del fin de los intermediarios y de las licencias copyleft, pero en él también se están generando monopolios nuevos en los canales de comercialización de contenidos, y más fuertes que los que existían previamente y fuera de internet. En internet la cultura libre y el intercambio de contenidos en redes P2P es masivo e imparable, pero a la vez empresas como Google, Apple (iTunes), Spotify o Amazon son casi imposibles de sortear a la hora de vender contenidos.

Zappa

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El genial compositor e intérprete Frank Zappa fue, además de un músico irrepetible, todo un visionario. En 1983 previó el actual uso de la red telefónica como vía para la difusión de contenidos, y propuso que esta red y la de TV por cable se utilizaran para acceder a los catálogos digitalizados de las compañías de discos. Su propuesta era análoga a la del hilo musical [1] (contenidos musicales de pago), y consistía en que se pagara una tarifa plana para acceder a las categorías musicales elegidas, estando contemplada la cantidad a abonar de derechos de autor y la parte para las compañías de discos en esa tarifa. Era un a propuesta que hubiese solucionado los problemas que se dan en la actualidad con la eterna cuestión de cómo remunerar a los autores, pero que sepamos, la industria del disco nunca intentó aplicar la propuesta del genio de Baltimore. Probablemente Zappa generaba mucha desconfianza en la industria del disco: en una ocasión invitó a piratear todo el material de su cúadruple LP Läther desde la emisora californiana de KROQ -su compañía de discos no lo editaba, pero tampoco dejaba que lo hicieran otras-, y además consiguió ganar en los tribunales el control sobre todo el material grabado para gigantes como MGM y Warner, sentando un precedente histórico.

Jobs y el iPod

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Mucho tiempo después, tras campañas lanzadas por la industria musical en los 80 como “Home Taping Is Killing Music” -algo así como “grabar tus propias cintas está matando la música”- en el año 2000 se volvían a dar enormes convulsiones en el mundo del disco. El portal de Internet Napster -un portal P2P, peer-to-peer- estaba en su máximo apogeo, y algunas estimaciones hablan de que ese año se vendieron 320 millones de discos compactos vírgenes, siendo comprados la mayoría de ellos para “tostar” música descargada de internet. El discurso apocalíptico sobre las recopilaciones y grabaciones caseras de discos se convertía en una profecía auto-cumplida con la llegada de Napster. Después de varios escándalos, la industria consiguió cerrar Napster, pero rápidamente llegarían nuevas tecnologías para redes P2P como FastTrack, Gnutella, BitTorrent… El gurú de Apple Steve Jobs comprendió la importancia de todo el intercambio de archivos (básicamente música) en Internet, y como el consumo de música en formato MP3 iba a ir en aumento, con o sin la industria musical.

Jobs hizo que Apple comprara en el 2000 SoundJam, un programa que posibilitaba el organizar la música que los usuarios de Mac escuchaban en el reproductor de MP3 Rio. Además enseguida decidió que Apple tenía que tener también su propio reproductor de MP3. SoundJam pronto se convirtió en el primer iTunes, y en el 2001 salía la primera versión del popular iPod, el reproductor de MP3 cuyo éxito masivo ha sido otro de los factores determinantes en la actual crisis de la industria discográfica, propiciada por la caída en picado de las ventas de soportes físicos como eran los cedés. Jobs decidió desde el origen del iPod que no quería ser beligerante con la industria musical, a la que guardaba gran respeto probablemente debido a su herencia contracultural: Apple diseñó el dispositivo de tal manera que sólo pudiera moverse las canciones en MP3 de iTunes al iPod, pero nunca del iPod a algún Mac o algún dispositivo de almacenamiento, para impedir el intercambio de archivos entre las y los usuarios del iPod. Por si fuera poco, el envoltorio de plástico del iPod iría con la leyenda “No robes música”. Apple y Jobs se posicionaba claramente con la industria discográfica en medio de toda la tormenta en torno a las descargas de música y otros contenidos.

No hubo consenso

A mediados de la década pasada la industria discográfica fue incapaz de ponerse de acuerdo prácticamente en nada, excepto en presionar constantemente para extender cada vez más la duración del copyright. No hubo acuerdos en cosas tan elementales como estándares para ficheros de audio (códecs etc), intentando cada uno imponer el suyo. Cuando las descargas de música se hicieron áun más masivas después del cierre de Napster, se realizaron distintas alianzas entre compañías discográficas, con vistas a intentar dar respuesta a las descargas e intentar controlar el mercado de música online, impulsando portales de streaming. Pero la respuesta llegaba tarde -un portal de pago por streaming era lo que en realidad proponía Zappa antes de internet- y mal planteada -la mayoría de la gente quería descargar música en su ordenador para poder volcarla a su lector de MP3, no streaming-.

Sony, un gigante con un repertorio de artistas muy populares, y que entre otras cosas inventó el walkman o el discman, fue incapaz de juntar las piezas del puzzle y coordinar a todas sus divisiones para hacer lo que luego hizo Apple: impulsar una tienda para poder comprar música online y un reproductor para escucharla. Sony empezó en solitario lanzando el fallido portal The Store, para impulsar luego con Universal el portal Pressplay. Por su parte, AOL Warner, Bertelsmann y EMI crearon MusicNet. Hay que hacer notar que tanto Pressplay como MusicNet fueron portales de streaming, con repertorios totalmente distintos, estancos, reflejando los derechos que poseían las discográficas que estaban detrás. En paralelo, las compañías independientes por su parte intentaban la venta online a través de sitios como eMusic, Cductive y Listen.com (en la actualidad Rhapsody). Todos estos portales tenían repertorios muy limitados, eran difíciles de usar y por ello el consumo de streaming era muy poco popular en comparación con el P2P: algo gratuito, para descargar en el ordenador y encima con muchas más variedad que los portales de streaming.

Winter is coming: llega el reinado de la Apple de Steve Jobs

La incapacidad de la industria para organizar una respuesta común y global al P2P y las descargas posibilitó que Apple en solitario diera con el modelo de negocio adecuado, lanzado la iTunes Store. Todo lo que se hizo mal en Pressplay y MusicNet se corrigió en iTunes: se consiguió un catálogo muy amplio después de duras negociaciones con todas las compañías discográficas (ninguna quiso perder el tren, incluso la muy reticente Sony), descarga de canciones a precios razonables y sin obligar a comprar un álbum entero (algo que es polémico para algunos artistas), y eliminándose en un momento dado la polémica protección del DRM. Apple nunca volvería a ser la misma, barriendo y dominando totalmente el mercado de reproductores de MP3 y consiguiendo lo que soñaban las discográficas: dominar totalmente el mercado de venta de música online. Hay datos que reflejan que el año pasado el año pasado fue el primero en el que se vendieron más descargas que cedés, que volvieron a caer cerca del 10% [2]. Posteriormente, una iniciativa europea como Spotify demostró que con un interfaz bien diseñado y buen repertorio detrás (ojo, The Beatles están sólo disponibles en iTunes) el streaming también es un modelo de negocio, aunque sea más que discutible lo que paga por derechos de autor [3].

Los modelos clásico de propiedad intelectual no encajan en internet

Y es que el pago de derechos de autor, algo que Zappa y Jobs tuvieron claro desde el principio, es uno de los principales escollos a los que se enfrentan las iniciativas para crear nuevos modelos de negocio en torno a la música u otros contenidos en internet. Que no se den alternativas legítimas a Megaupload es en gran medida por la complicada maraña legal que supone los distintos tipos de licencias y derechos que hay en cada país, haciendo en la práctica inviable que surgiera un Megaupload de la propia industria. Pero en ámbitos como la música, en teoría menos complicados de gestionar que los audiovisuales, el modelo actual también se vislumbra inviable, el copyright tal y como está configurado ahora a nivel internacional se devora a sí mismo. Ejemplificamos esto con un gráfico sacado de un interesante artículo [4], donde se refleja cómo es el flujo de derechos y royalties en la industria musical del Reino Unido (ver imagen).

Hay aproximadamente 200 países con flujos distintos en lo que a música se refiere… ¿es viable que haya que enfrentarse a este nivel de complejidad para poder crear un negocio relacionado con la venta de música en internet? Es algo inmanejable hasta para las multinacionales más grandes, que tienen problemas para gestionar su propio repertorio a nivel internacional. Como decimos, el sistema actual de copyright es ineficiente y kafkiano: hacen falta modelos de propiedad intelectual y derechos de autor que encajen en internet, es decir, globales e independientes de las particularidades en propiedad intelectual de cada estado. Modelos que permitan la libre difusión de las obras, por encima de los entramados industria-entidades de gestión que existen en cada país (ocho entidades de gestión sólo en España), y que en la práctica no permiten la emergencia de nuevos proyectos y modelos de negocio.

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