“Uniendo fisuras” “Signos”: el comienzo de la grieta que separó a Cerati de Alberti y Bosio

El libro “Uniendo fisuras”, de Diego Giordano, retrata el proceso de grabación del tercer disco de Soda Stereo. La gran capacidad compositiva del cantante y guitarrista dispararía recelos internos cada vez más profundas.

Por Gustavo Sarmiento

Como en gran parte de la discografía de Gustavo Cerati, el origen de Signos fue una relación y la tensión entre lo que termina y lo nuevo que comienza. En este caso, el quiebre amoroso con Noëlle Balfour, con quien el cantante, guitarrista y compositor se había mudado en abril de 1986 al departamento de la calle Juncal, entre Azcuénaga y Junín. Tenían pensado casarse, pero terminaron signados por la misma velocidad con la que empezaron. En octubre de ese año el álbum ya estaba en la calle. Es parte de lo que se cuenta en el libro “Uniendo fisuras” de Diego Giordano, sobre el tercer disco de Soda, clave en la discografía de la banda, que los llevaría al éxito latinoamericano. “Rodeado de equipos de última generación, el líder de Soda compuso casi todas las canciones y arreglos de ‘Signos’”, cuenta el autor. Ya no se narraba la “comunicación sin emoción” de su disco predecesor, ahora las relaciones y desamores se presentaban “como un complejo sistema de acertijos (…). El amor entendido como trama semiológica”.

En “Signos” también se percibe la presencia casi naturalizada de la cocaína en la noche porteña. Y Cerati no fue la excepción, con alusiones literales en sus letras, en un momento donde trabajaba sin descanso. Por ejemplo, en “Sin sobresaltos”, el tema con el que abre Signos: “Algo de blanca / algo de fama”. El director y guionista Eduardo Capilla asegura que salían de lunes a jueves, y en todo momento estaba presente la experimentación: “Pero yo no lo vi jamás (a Cerati) en un problema con drogas, quizás porque siempre fue muy elegante con todo, inclusive en la intimidad”. Y acota: “Del máximo caos construía estructuras e ideas admirables”.

“La coca estaba por todos lados y a toda hora –relata Oscar Sayavedra, el productor musical de esa época–. Las relaciones dentro del grupo no se fueron minando por el tema de las drogas, existieron otros factores: cansancio, rutina, derechos autorales, control creativo de la banda…”. La exigencia y el consumo llevaron a Cerati a terminar en la guardia del Hospital Italiano. Fue en “Signos” donde la autoría de los temas empezó a generar los primeros roces internos. Sobre todo por una razón esencial: Cerati compuso toda la música y los arreglos, y los llevó terminados a los primeros ensayos del disco.

En un momento de crecimiento de la banda, lo recaudado por derechos de autor llegaba a ser retirado en grandes bolsas por SADAIC. Zeta y Charly le decían que eran una banda, también para firmar los temas. Cerati les replicaba que las canciones las había hecho él. Finalmente, dos canciones las firmó junto a Bossio, y en otras dos aparece Alberti. “Final caja negra” la sellan los tres. Richard Coleman apoya en el libro el protagonismo de su amigo de toda la vida: “La verdad es que yo nunca escuché una canción de Charly Alberti o de Zeta, y Gustavo no paraba de escribir canciones”. Adrián Taverna, el sonidista de toda la carrera de Soda y Cerati, acota que “Gustavo les decía: ‘si quieren que repartamos  los derechos en partes iguales, traigan una canción o una letra’”.

La presión por cerrar las canciones y grabarlas en un mes, ante el fin del contrato con CBS (que luego se renovaría), para después hacer las giras promocionales, llevó a Cerati a recurrir a otros coautores en la letra. Giordano cuenta que Gustavo se sentía muy inseguro con sus letras, las consideraba su punto débil, y las dejaba para lo último del disco. A su vez desmitifica que todas las letras de Signos las haya compuesto en una sola noche, previo a la grabación. Lo que sí hizo en una sola noche fue cerrar todos los bosquejos que tenía a medio terminar. “En camino” contó con el aporte de Isabel de Sebastián, y “Persiana Americana” la compuso junto a Jorge Daffunchio, uno de los participantes de un concurso de letras que lanzó un programa de radio de ese momento donde, pese a no haberlo ganado, generó el interés de Gustavo. Lo que terminó en esa letra “voyeurista” basada en “Vestida para matar”, de Brian de Palma. Celsa Mel Gowland, a quien invitó a aportar su voz en el disco, comenta que al líder de Soda “le agradaban particularmente las palabras esdrújulas. Nada en ese disco, excepto el solo del final de ‘Prófugos’, fue improvisado”.

En cuanto a lo musical, “Signos” sorprende por ser tan diferente a “Nada Personal” y “Soda Stereo”, con apenas meses de diferencia, con un registro más directo y orgánico, en detrimento del sonido artificial de los primeros. La inclusión de arreglos acústicos, sobre todo piano, fue acompañada con algunos roces y reclamos, sobre todo de Fabián “el Zorrito” Von Quintiero, que afirma haber compuesto uno de los arreglos principales de la canción “Signos” y de “Final caja negra”, aunque lo dejaron afuera de los créditos. Andrés Calamaro recuerda en el libro que alrededor de 1986 “se volvió a tocar rock con instrumentos de verdad menos mal. Pero si alguien reaccionó bien a los cambios de dirección en la música mundial, ese fue Cerati, que no perdía tiempo”.

En la mitad del libro se aborda tema por tema con precisión, sobre todo desde el lado compositivo y sonoro. “Persiana americana” deja un par de perlitas: según Daffunchio, Cerati sólo tenía la base de la canción. “Me dio un cassette con las bases y papeles escritos con disparadores, frases, títulos. Me dijo ‘escribí lo que te parezca’”. Al momento de grabarlo buscaron un sonido especial de la batería, con parches estilo arenado, lo que refleja lo metódico del grupo (especialmente de su líder): en cada canción, el redoblante recibió un tratamiento diferente, generando horas de arreglos y pruebas. En algunos casos llegaron a grabar en el baño, por la resonancia de los azulejos.

“Uniendo fisuras” también destaca el contexto en el cual sale el disco. De hecho fue el primero de Soda Stereo en ser recibido de manera positiva por toda la prensa de manera casi unánime. Hasta ahí aún recaían en el grupo críticas del rock más especializado, que los atacaba por frívolos, hacer música “divertida” y no “seria”, y ser faltos de compromiso. Hasta recibieron críticas por presentarse en Chile en 1986 (los primeros en traspasar las fronteras nacionales), en época de Pinochet, lo que llevó a respuestas de Cerati en ese momento afirmando que ellos tocaron “para los chilenos” y que no estaba “de acuerdo para nada con lo que pasa políticamente en Chile”.

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